Sagarra
Restaurante de tapas
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Hay calles que explican la ciudad mejor que cualquier libro, y la calle Xuclà es un claro ejemplo. ¿Quedan vecinas de toda la vida? Sí, pero pocas. La gente de la ciudad, en un ejercicio de supervivencia emocional, ha dejado de caminar por Las Ramblas y las calles adyacentes, consciente de que volverá a casa enfadada por la falta de identidad. Pero, como pasa con la misma Barcelona, en la c/ Xuclà aún encontrarán un reducto que ha resistido vientos y mareas: la Granja Viader, la inventora del Cacaolat.
A pocos metros de este referente, ahora el Sagarra vuelve a abrir recuperando el espíritu de los bares de los años 70 y 80, cuando todo iba más despacio. La remodelación mira hacia aquella manera natural de ser bar, sin artificios y con formas suaves. Un pequeño homenaje discreto pero firme a una manera de entender la vida.
La carta sigue este hilo: corta, afable y pensada para que todo el mundo encuentre algo que le resulte familiar. Algunos clásicos de aquellas décadas tienen un lugar destacado, porque forman parte de una memoria que aún compartimos.
En un barrio en transformación, el Sagarra vuelve no para reinventar nada, sino para sumarse con autenticidad: un bar que vuelve a ser bar, en el lugar donde siempre debía estar.
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Grup Confiteria volverá a rescatar un restaurante clásico de Barcelona.
ALBERT MARTÍNEZ, CRÓNICA GLOBAL
La recuperación del local es un derroche de sensatez. Un islote de calidad en una zona complicada.
OSCAR BROC
Se han mantenido platos con las salsas originales que se servían hace años en el Sagarra.
YAIZA SAIZ, LA VANGUARDIA
El nuevo Sagarra se inspira en los bares de siempre: la barra, los vermuts y pocos platos, pero muy bien elaborados.
AITANA MOLINA, BETEVÉ